Emily S. Smith

El monte de la bruja

Mi carta a los Reyes Magos

enero3

Estamos ya en época de buenas intenciones, aunque es sabido que los deseos que se lanzan con la explosión de las burbujas son efímeros como ellas. No quiero tampoco propósitos que dependan de la voluntad más o menos comprometida de un humano, desde el primero hasta el último se implican en mil cosas que luego no cumplen.
Voy a empezar por el principio. Yo soy Nana y soy un perro adoptado.
Tengo una petición muy importante, tanto que no he querido dejarla al albur de los designios frustrados del año nuevo, he pensado por eso escribir esta carta a los Reyes Magos, yo aún creo en la magia. Sé que muchos niños reciben regalos cuando han sido buenos y yo no recuerdo haber hecho nunca mal a nadie, ni siquiera haberlo esperado y mira que a veces puede ser difícil contenerse.
Quisiera que esas miles de mascotas desamparadas, condenadas al frío, al hambre y a la muerte, encuentren una familia. Seguramente este grave problema se solucionaría en gran parte si los humanos dejaran de regalar animales esclavizados y comprados como objetos, volvieran su mirada a los fríos chamizos de una perrera o de una protectora y vieran nuestros ojos esperando una palabra amable, una caricia, cualquier cosa que nos libere del miedo. Pero estoy segura que no lo harán porque son los mismos que nos abandonan, por eso escribo a una instancia superior, a ver si ellos me escuchan.
Mi vida está tocada por la ventura: Primero tuve el privilegio de que me maltrataran en lugar de matarme; luego fue una suerte que me rescataran los miembros de un refugio y no el personal de una perrera y, por fin, la fortuna me sonrió cuando alguien se olvidó de mi tamaño y me dio la oportunidad de entrar en su familia; hay algo más, tuve la gran dicha de que esa familia tuviera bastante paciencia para aceptar mi complicada adaptación.
Soy un mastín español, grande, muyyyy grande, ocupo un espacio considerable. No me gustan los perros pequeños, ni sé jugar, pero me vuelven loca los gatos. Como nunca he podido decir que algo era mío, ahora soy muy posesiva, no obstante estoy aprendiendo a compartir, a retozar y a saber que soy una más, que formo parte de una familia y eso lleva ventajas e inconvenientes. Cuando vamos a pasear todos me dicen lo guapa que soy y lo buena, pero me parece que siempre he sido igual de guapa y buena que ahora, aunque lo escondiera debajo de una capa de mugre y desconfianza.
Quisiera que ésta fuera la última vez que pido mi deseo. Aquí os dejo mi mejor hueso.
Nana

 

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